Mi heroína

Todos de pequeño hemos tenido algún superhéroe. Incluso más de uno. Era aquel personaje que ya fuera porque te caía simpático, ya porque querías ser como él, le teníamos un aprecio especial o incluso lo idolatrábamos. La cosa cambia cuando ese superhéroe lo tienes de adulto. Y más aún cuando no es fruto de tu imaginación o de haber devorado sus aventuras en un cómic. Es de carne y hueso. Y tengo una.

Pues si, mi heroína. Es una con poderes fuera de lo común. No va ataviada con traje de lycra con colores chillones, ni porta una de esas capas que más que otorgar beneficios de algún tipo, visten bastante, todo sea dicho.
No vuela. Lo siento. No corre a la velocidad de la luz, ni congela a su antojo aquello que toca. No tiene poderes por algún experimento radioactivo o sale por la noche en busca de villanos por aquello de hacer el bien.
Mi heroína es fuerte.

Como no te puedes llegar a imaginar para su tamaño. E inteligente. Sorprendentemente inteligente. De esas personas que si te comparas con ella solo te puedes sentir tonto a su lado.

Mi heroína es capaz de querer. Es más, es capaz de quererme, y eso, conociendo mis innumerables defectos es más que digno de admirar.
Tiene el poder de jugar con tu somnolencia, puede dedicarme un beso en el momento justo de despertarse, cuando cualquier otro mortal no tiene claro si está todavía soñando, y eso precisamente, es lo que me pasa a mi cuando lo recibo.

Controla la memoria y el estado de ánimo, pues puede reír. Si, reír. Y hacerlo de tal manera, que haga que se te olvide todo lo demás. Reír con ella es saber que durante y después te vas a sentir realmente bien, y ni te vas a acordar de aquello que te ocupaba la mente antes.

Maneja el tiempo a su antojo. Como lo oyes. Basta con pasar un rato con ella para que los minutos corran más rápido. Por contra, si ansías verla, esos mismos minutos, correrán excesivamente lentos.
Y el más importante. Puede hacer vida. Vale, yo he tenido algo que ver… Pero ella es la que está fabricando desde la nada, a nada más y nada menos que una personita. Dime tú si no merece el título de heroína. Y con mayúsculas.

Este es mi pequeño, pequeñísimo homenaje a mi superhéroe real, de carne y hueso: MI HEROINA.

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