Me he enamorado de un hombre

Sí, así es. Y llevo ya unos meses con ese run run que me carcome por dentro. ¿Por qué no decirlo? Necesitaba gritar a los cuatro vientos este asunto, bueno, mejor dicho escribirlo. Así que, una vez más, utilizo la escritura como válvula de escape y lo suelto. ¡Que corra tinta!

Yo, que según la educación típica de un país que ha estado cuarenta años bajo el yugo de una dictadura, era un chico “normal”. Lo que te enseñaban entonces en el colegio, vamos. El “machote”, que diría la España más casposa. Pues sí, me he enamorado de un hombre.

Lo que más me asombra, es lo rápido que ha sucedido todo esto y, lo que más me gusta y me fascina, es que no le quiero por lo que me demuestra, si no por lo que me hace sentir. Que sí, que sí. Que ya sé que habrá detractores de estas palabras, “lo tienes que querer por como es”, dirán. Pero ni se imaginan que la frase típica de: “te quiero más que ayer, pero menos que mañana”, cobra todo el sentido del mundo con él.

No es que él tenga el don de la retórica, la verdad. Si te soy sincero, es escaso en cuanto a palabras y un poco tosco al expresar sus sentimientos. Quizás eso es lo que le haga encantador, no lo sé, pero la verdad es que, gracias a él, he descubierto que a veces, las palabras están de más. Vale, suena a tópico típico cargado de azúcar, pero eso es porque no le has visto.

Un gesto o una mirada suya, hace que sea el centro de atención. Es un tipo apuesto, no te voy a engañar. Y sí, te doy toda la razón, el físico no lo es todo, pero oye, si es guapo a rabiar mejor que mejor, ¿no? Eso que me llevo por el mismo precio. ¿Y su sonrisa? Cuando ríe lo hace con ganas, de aquellas risas sanas, que contagian al que tiene al lado. Es una risa limpia y sonora, perfectamente audible en medio del bullicio de una cafetería en hora punta, pero, lejos de molestar, despierta las miradas de los que tiene cerca, incluso les contagia.

En este poco tiempo que llevamos juntos, me ha enseñado a querer como no lo había hecho hasta entonces. No me cuesta admitirlo, júzgame si quieres. Debo decir si me sincero, que me hace estar un tanto celoso en algunas ocasiones, pues un hombre con ese aspecto, no es extraño, que en más ocasiones de las que puedo recordar, haya recibido halagos y miradas. Y algunos, te confieso que han sido delante mío. ¿Pero qué vas a hacer? Con una sonrisa les haces entender que les entiendes. Me pasa lo mismo.

He llorado. No diremos que me haya hecho llorar, pero el caso es que lo he hecho. Me sorprendí a mi mismo cuando lo hice. Pero el estar tumbado en el sofá, con su cabeza durmiendo sobre mi pecho, me dio una paz difícil de describir. No lo había sentido nunca, así que mi cerebro, extraño donde los haya, decidió canalizar ese torrente de sentimientos de la única manera que podía. El llanto.

Me ha cambiado, la verdad. Y los que han pasado por esto, me han dicho que es solo el principio. No soy muy partidario de los cambios, es más, nunca me han gustado. Pero con él, ha sido todo precisamente eso, desde el principio. Y que vengan todos los que quiera.

Te quiero hijo.

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