La estupidez después de los atentados

Fuente: EL PAIS

La estupidez, cual flautista de Hamelín, tocó su melodía y las turbas, desconocedoras de lo que viene siendo la materia gris, la siguieron embelesados. Podría ser algún tipo de cuento o de fábula pero, triste y lamentablemente, hablamos de la cruda realidad.

17 de Agosto del 2017. A muchos se nos quedará grabada en la memoria esa fecha. El ataque mezquino, cruel, frío y repugnante, llevado a cabo por varios yijadistas, dejó 15 muertos y más de 100 heridos en las Ramblas de Barcelona. Momentos de pánico y miedo. Pero también de profesionalidad por parte de la policía, bomberos, SEM y Cruz Roja. Conmoción y un “no puede ser” en la cabeza y en la boca de todos. “Aquí no”.

Empezaron las flores y las velas. Los llantos. Los homenajes y las canciones de Imagine. Siguieron las perfomances. Por cierto, hablando de seguir, lo que sí que siguió fueron las Fiestas de Gràcia. Sí, sí. Habían matado a gente, pero al día siguiente, los peludos no perdieron la oportunidad de seguir de fiesta, emborracharse en plena calle y fumarse sus cigarritos de la risa. ¡Que la vida son dos días, oye! Y no les recrimines, que eres un facha.

Banderas “estelades” en la manifestación contra el terrorismo. Fuente: 20minutos

Más de una semana después de los atentados se hizo una gran manifestación. El lema “no tinc por” (no tengo miedo), era claro. Rechazo a los atentados, a la violencia, a los terroristas, a ISIS y a la madre que lo parió. ¿Claro, verdad? Pues no. Resulta que no acabó de entenderse, pues la susodicha manifestación se convirtió en un desfile de ideas políticas enfrentadas. De exhibición de banderas. De insultos y recriminaciones. De a ver quién la tiene más grande. Y sobretodo, de ridículo.

El pueblo no fue capaz de guardarse sus ideales políticos en el bolsillo y mostrarlos en otro momento. Otro día. No era día para hacer un ensayo del 11 de septiembre y pedir la independencia. No era día para pedir la unidad de España. No era el día de recriminar al rey la jeta que tiene y lo bien que vive (hereditariamiente) a costa del resto. No era el día de salvas, vítores y cánticos defendiendo un referéndum. Ni de las protestas y férrea convicción de la indivisibilidad de España. No era el día.

Enfrentamientos entre fascistas y antifascistas en la manifestación. Fuente: EITB.com

Era una jornada de luto. De respeto a la víctimas. De condena seria y creíble a los atentados y a toda forma de violencia. Me provocasteis asco. Los de unas banderas y los de otras. Los que se enfrentaron a lo largo del recorrido y los que acabaron a puñetazos en la plaza de Cataluña. Miembros de Vox y grupos antifascistas, para ser más concreto.

Pero más asco me provocan los que “justifican” los atentados. Los que dicen que, quizás, la culpa es nuestra por no haber integrado correctamente a los terroristas. Los que dicen que el Islam es paz y que somos nosotros los que les provocamos. Los que ven lógico lo ocurrido, pues España vendió armamento a Arabia Saudí (dos aviones), pero se olvidan de cierto equipo de fútbol, que lució Qatar en su camiseta. Los que agredieron a una chica judía por hondear la bandera de su país.

Me dais pena. Asco y pena. La inmensa mayoría, borregos de sus ideales y de sus líderes, no se paran a pensar. Se dejan llevar y ven como verdad los titulares. Dicen amén a la prensa y televisión afín a sus pensamientos. Estoy convencido de que, si pensaran, ellos mismos se darían cuenta del ridículo tan monumental que hicieron y de la falta de respeto que mostraron a las víctimas y sus familias.

Lamentable.

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