Hombres vestidos de payaso matan a animales

Bien podría ser un titular para las acciones que voy a describir y no, no es otra noticias sobre los “creepy clowns”. Parafraseando al grupo de peludos que, en los años noventa obtuvo cierta notoriedad, SKA-P, y donde decían aquello de: “un individuo, vestido de payaso, tortura y martiriza hasta la muerte a un animal”. Creo que no hay mejor resumen para una de las mayores vergüenzas que tiene y ha tenido España. Al menos como tradición. Porqué si me pongo a hablar de monarquías, gobiernos, cagadas bélicas varias (la famosa Armada Invencible, por decir alguna) necesito no un artículo, no, un libro.

Antes de nada, debo decir que, no encajo para nada en la definición que el cuñado de turno haría para quitar todo atisbo de razón a mis palabras. Disto mucho de los adjetivos “perroflauta” o “progre”, solo hay que leer algunos de mis artículos anteriores para darse cuenta de ello. Pero lo que sí que detesto, es la violencia gratuita por un lado, y a los cobardes por el otro. Y creo, que la mal llamada tauromaquia, tiene de las dos. Y a raudales.

San Fermines. Niños mirando el espectáculo

Es gracioso: “tauromaquia”, como si fuera un arte o una ciencia. Evoca a cultura, a años de estudio y perfección, ¿verdad? Y a decir verdad, llevan años puliendo su técnica de la tortura. El toro, animal herbívoro (recordemos), está pastando tan ricamente, cuando lo separan del resto y lo encierran en los chiqueros. Allí, pierde un mínimo de 50kg de peso, para luego, antes de salir al ruedo, iniciar las macabras maniobras con la finalidad de debilitar al animal. Algunas de las acciones de esta “ciencia”, son: provocarle diarreas, golpearle los riñones y testículos con sacos de arena, untarle grasa o vaselina en los ojos para dificultar su visión e irritarle los intestinos al hacerle beber sulfato con el agua.

Por otro lado, para simular que es un animal bravo, se le tiene encerrado más de 24 horas en un habitáculo sin luz, así, cuando salga al ruedo, desorientado, cegado por la luz y asustado por los gritos del “distinguido público”, intentará huir. Son aquellas imágenes del toro saltando a las gradas. ¿Que fiero, verdad? Aún hay gente que realmente piensa que lo que ansía, es atacar al público y no escapar. A parte de todo esto, se le unta una substancia en las pezuñas que le arde, así no está quieto en ningún momento y no desluce “el trabajo” del torero.

“Oye, a ver si te piensas que en el matadero, le hacen caricias a los animales que comes”. Es una de las excusas más utilizadas. No, seguro que no se las hacen. Pero no crean un espectáculo de ello. Un triste, lamentable y vergonzoso circo. Una mentira. Donde defienden a capa y espada que, es “la lucha del hombre contra el animal”, obviando todas las acciones cobardes que le han hecho previamente al toro, claro está.

Caballo de picador herido por una cornada

Y siempre que se habla de las corridas de toros, nos dejamos a los caballos. Los picadores utilizan equinos sin ningún valor comercial para destrozarlos en las corridas. Les rompen las costillas fruto de los envistes y, la pseudo manta esa que le ponen, no te creas que es para proteger, no. Es para no dejar al aire y visibles las heridas producidas. No sea que tan ilustre público se escandalice.

No me quiero alargar sobre este tema. Hay mucha literatura, muchos artículos y reportajes. Simplemente, quería decir mi opinión ante lo que me parece algo propio de otra época. Eso sí, me gustaría mentar a los hijos de puta, sí sí, no suelo utilizar dichos vocablos pero lo merecen, me darás la razón, ya verás. Aquellos gusanos que, a Adrián Hinojosa, el niño con cáncer que quería ser torero, le desearon la muerte. Mi desprecio es igual para ellos, que el que siento por un torero. O más.

Me gustaría acabar con una frase del novelista Tomás Val que dice:

“También la quema de herejes era tradicional y tenía su estética, como las corridas de toros”.

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