No puedes

Vamos a ser claros. El que te dice eso no te quiere ningún bien. Ojo, si te está diciendo “no puedes” a tu total convencimiento de tener en tu haber poderes voladores, justo cuando estás a punto de saltar de un quinto piso… ese sí te quiere bien. Pero es el menor de los casos, estoy convencido de ello.

Seguro que si hechas la vista atrás y desempolvas los recuerdos, te viene a la cabeza. No puedes. No hagas eso porque no vas a hacerlo bien. Esto no es para ti. Tu no vales para eso. Y un largo etcétera.
Es curioso como te pueden marcar una serie de circunstancias de crío. Aquello que creíste o te hicieron creer, luego se queda como algo enquistado. Me explico. Y con tu permiso lo voy a hacer con una fábula que me encanta. Intentaré ser breve:

 “Un niño pasó con su padre paseando por la parte trasera de un circo, donde están las tiendas. No había función hasta la noche, así que todos los animales estaban atados o en sus jaulas. Contemplaban todos y cada uno de aquellos seres hasta que, asombrado, se paró en seco tirando de la mano de su padre.

El niño no había visto nunca animal más enorme y hermoso como el que tenía enfrente. Un elefante. Le pareció gigantesco. 

Le extrañó como aquel animal, tenía en una de sus patas una cadena, y esta, estaba con una estaca clavada en el suelo. ¿Cómo podía ser? Aquel animal con solo soplar podía arrancar todo aquello y marcharse de allí.

Como cada vez que no entendía o desconocía algo, lo consultaba con su fuente de sabiduría particular. Su padre. ¿Cómo es posible que no arranque la estaca? ¿Por qué con su fuerza descomunal, una simple cadena lo frena?

Su padre lo hizo contemplar aquel elefante, sus colmillos, su trompa y sus enormes patas. Pero le dijo que no siempre había sido así de grande. Hubo un tiempo que era pequeño, como él lo era entonces. Incluso puede que fueran del mismo tamaño. 

Le explico que desde pequeño le pusieron un cadena y esta, la clavaron en una pica. Por mucho que la cría de elefante se esforzara, tirara con todas sus fuerzas y acometiera a golpes contra aquella maldita estaca… nunca conseguía zafarse de ella.

El elefante vio como, pese a su ahínco, su maldita compañera seguía en su pata. Poco a poco, día tras día, el elefante fue abandonando. Se fue acostumbrando. Fue asumiendo que su vida era así, aquello formaba parte él. Y tal fue el convencimiento que adquirió, que nunca más lo volvió a intentar. Ni se planteaba que podía romper aquello que lo mantenía atado.

La impotencia y el sentimiento de derrota habían hecho tal mella en él, que jamás volvió a poner a prueba su fuerza”

Y a eso vengo. Todos somos como ese elefante. Algunos más (y lo siento por vosotros) y otros menos. Todos vamos por la vida pensando en “no puedo y no podré”, y muchas veces, ese sentimiento viene arraigado desde crío. ¿Sabes que Michael Jordan fue rechazado del equipo de baloncesto de su colegio? ¿o que Decca Recording le dijo a los Beatles,  que no tenían futuro en el mundo musical?

Si quieres hacer algo, simplemente hazlo. Y que no te suene a las típicas frases pseudo-filosóficas que la gente se pone en su perfil de Facebook o como descripción de Twitter. Es tan sencillo y tan claro como eso. Al fin y al cabo, como se suele decir: el “no” ya lo tienes. Ve a por el “si”.

Lo gracioso de todo esto es, que después de luchar por lo que quieres y conseguirlo, aquellos autores iniciales del “no puedes” se desdicen. Te dirán que ellos no querían decir eso. Que lo entendiste mal. Que era en aquellas circunstancias concretas. Que claro que podías. Incluso te felicitarán.

Y ahí vamos a otro asunto, acuérdate de quién confió en ti y te apoyó. Los aduladores aparecen con el éxito. No te rodees de gente que esté solo en los buenos momentos y curiosamente, antes no estaban. Lo dijo Will Smith: “Si estás ausente durante mi lucha, no esperes estar presente en mi éxito”.

Y pon que te sale mal. Porque hay que ser realistas. Está bien seguir tus sueños, anhelos y aspiraciones hasta el final, pero no seamos ilusos. Puede salir mal. De hecho, depende cual sea tu fin, hay más posibilidades de que así sea. Pero de ti depende luchar por ello si es lo que quieres conseguir realmente. Y sobretodo, como le dije a un muy buen amigo que estaba estudiando unas oposiciones: “si suspendes, que nunca quede dentro de ti el pensar que podrías haber hecho más. Dalo todo”.

Me gusta mucho el emplear frases de personajes famosos, las denominadas “frases célebres”. Siempre me ha gustado. Porque por muy bien que quieras expresar algo, seguro que hay alguien que, antes que tú, lo ha dicho mejor. Así que, pese a que hoy quizás he abusado un poco de frases… me vas a permitir que finalice con una de Walter Bagehot que dice:

El mayor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no eres capaz de hacer”.

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