El maravilloso asesino de dos Agentes Rurales

Eso es lo único que ha faltado decir en las crónicas sobre la noticia del asesinato, a manos de un desalmado, de dos agentes rurales. Y pese a la mofa e ironía de la que suelo hacer gala, créeme que no la estoy usando hoy.

El pasado viernes, Ismael Rodríguez Clemente, un cazador de Vacarisses con el permiso de escopeta caducado, se encontraba en la localidad de Aspa (Lérida). El sujeto había ido de cacería junto con unos amigos, cuando dos agentes rurales lo pararon para una inspección rutinaria. Y ¡oh sorpresa! No disponía del permiso E, el que hace falta para llevar escopeta larga, casualidades de la vida, la que el señor Rodríguez estaba utilizando a sabiendas de no estar en vigor. Y por si era poco lo que te acabo de decir… la escopeta que estaba usando no estaba a su nombre.

Creo que hasta aquí ya nos vamos haciendo una idea del personaje que tristemente es el protagonista de esta historia. Así que cuando te diga que, después de una presunta discusión, el cazador disparó su arma contra la cabeza de uno de los agentes rurales, para luego, disparar a la cabeza de su compañero… creo que te harás una idea más definida y nítida del sujeto.

Los agentes rurales de 43 y 39 años, murieron en el acto y los compañeros de caza del asesino, lo presionaron para que llamara al 112 él mismo. Lo hizo. Vinieron los Mossos d’Esquadra y lo detuvieron. Hasta ahí la historia. Un colgado, (porque no puedo decir otro adjetivo) vale, sí puedo, pero no quiero que me cierren el blog por ser demasiado explícito. Como te decía, un colgado, con el arma para la que no tiene permiso y a nombre de otra persona, le pega un tiro en la cabeza a dos agentes rurales. Queda clarísimo. ¿No?

Ismael Rodríguez. El asesino de dos agentes rurales. Diari ARA

Pues mis ojos han tenido que leer artículos hablando sobre este crimen, en los que se intenta suavizar el odio y repulsa que aflora en todo lector al leer el suceso. Lo interesante es que se hace de una manera tan patética, a la vez que tópica, que me provoca una mezcla de picor incontrolable en los ojos y nauseas.

No podía faltar aquello de “era una bellísima persona”, tal como afirma un amigo suyo. “no nos explicamos que ha pasado” o “es increíble que Ismael haya hecho algo así”. Tengo que decir, que he echado en falta algo del tipo: “amigo de sus amigos”. Un clásico. Pero no acaba aquí, no. He leído artículos en los que se decía que la afición del asesino (la caza), había destrozado varias vidas. No, no. Ha destrozado dos. La del asesino me importa poco, la verdad.

I sí. ASESINO. Que es lo que es. Parece que a algunos periodistas les cueste decirlo. Pese a que sea todo lo bellísima persona que quieran decir sus allegados. Ha matado a dos personas. Punto. Porque del asesino se acuerdan, ponen su frase de “no sé por qué disparé” a modo de exculpación. Pobrecito, tuvo un arrebato, lo hizo por instinto… Pero ¿quién se acuerda del hijo y de la hija de los agentes rurales? Que vayan esos periodistas suavizadores a comentarle a la familia de los fallecidos lo maravillosa persona que era el señor Ismael. Estarán encantados de escucharles.

Las cosas claras. Un asesino es un asesino. Y lo único que deseo es que la justicia sea implacable y caiga con todo su peso sobre él, que pase unos muy largos años de arrepentimiento y con sus huesos en la cárcel. Si, esa con piscina que pagamos todos…

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