Ciclistas, asesinos y gilipollas

Vamos a diferenciar tres grandes grupos. Eso sí, la pertenencia a uno de ellos, no excluye el poder formar parte de otro. Que quede claro.

Los ciclistas son aquellos que hacen del velocípedo de dos ruedas su deporte. No soy un gran experto en la materia, pese a la insistencia (hasta cierto punto cansina) de varios amiguetes para que me una a su pasión. Pero no, declino la oferta.

Entiendo como ciclista aquel que disfruta con la bicicleta. Que somete a sus piernas a kilómetros y kilómetros de empuje de pedales. Ya sea por el duro asfalto, o deslizándose entre trialeras por las montañas. Es su pasión. Igual que para algunos lo es el Crossfit tan en auge, o el running (más en auge todavía). Se compran bicicletas con precios que, para no entendidos en la materia como yo, son una auténtica locura. “¡Pero es de carbono y entonces, es monocasco!” Y uno se queda con la cara de estar escuchando hebreo antiguo. Luego, te dicen que si las bielas de 175 son mejores que las de 172,5 y que un buje con seis agujeros y anodizado es mejor… y te queda todo mucho más claro.

Pero los respeto. Es su hobby, con el que disfrutan, se cuidan y se apasionan. Bien por ellos. Nadie y repito NADIE, tiene derecho a jugar con sus vidas. Y en este punto damos paso al segundo grupo.

Los asesinos. Vale, estamos de acuerdo, lo que cometen aquellos que se llevan por delante a los ciclistas, es un homicidio. Pero asesino me suena mucho mejor que homicida, la verdad. ¿Sabes que en los últimos diez años, han perdido la vida 400 ciclistas? Cuatrocientas personas salieron de su casa para practicar su pasión y no volvieron. ¿Por qué?

Porqué a los conductores les molestan. Les molesta ir durante unos metros más lentos. Les molesta no poder adelantar. Les molesta tener que dejar una distancia de separación. Porqué no piensan que “eso” que les molesta, es una persona y que, el hecho de comportarse temerariamente, solo puede provocar un daño irreparable al ciclista. Luego todo son llantos y disculpas vacías. Pero ya es tarde.

Homicida drogada y borracha después de matar a 3 ciclistas en Valencia

¿Cuántos conductores se han dado a la fuga? ¿Cuántos en estado de embriaguez han atropellado a ciclistas? ¿Qué tenemos que hacer con gente como la drogadicta de Valencia de hace unas semanas? ¿Cuántos intimidan a los ciclistas? ¿Cuántos les pitan o les gritan?

Y hemos llegado al último grupo. Los gilipollas. Y esto es España amigos míos, si de algo vamos sobrados, es de gilipollas. Así que, como no podía ser de otra manera, será el punto más largo. No es culpa mía, agradecedle todo a las mentes brillantes que da este país.

Podemos englobar en este grupo a muchos. Empezando por el conductor que, no pensando en las consecuencias, no deja distancia de seguridad y acabando por el que, cuando le conviene, usa la bicicleta como vehículo y cuando no, como si fuera un peatón más.

Podemos seguir con los que, en bicicleta, se saltan glorietas o semáforos, “porqué me cortan el ritmo”. O por el que va por la ciudad, por las aceras, como si del Tour de Francia se tratara. Pero bueno, para esos elementos, échale un ojo al post del Gili-Bicing. Te quedará todo mucho más claro.

También va por aquellos que se toman sus cervezitas y luego conducen la bicicleta (recuerdo que es un vehículo), o por los que prefieren no usar casco, por aquello de la estética. Va, por los que se meten en autovías con señal que lo prohíbe y por el dominguero que no es capaz de ir por el arcén.

Pensemos todos un poco más. Conductores y ciclistas. Que en este 2017 no se vean más carreras truncadas antes de llegar al destino.

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